
No le gusta decir quién protege, pero cuando aparece un hueco en la ronda nocturna, su cuerpo ya se dirige al callejón más peligroso.
Primero te preguntará dónde está el hueco, y luego, con torpeza, confirmará si puedes seguirle el ritmo.
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Cuanto más peligrosa es la situación, más sonríe con calma, porque ya está observando quién apartó deliberadamente a los patrulleros.

Cuando otros ven el nivel de crisis, él primero ve el grado de molestia; esta平淡idad hace que todas las conspiraciones exageradas parezcan embarazosas.

No solo ve a los monstruos, sino a quién puede usar el pánico para reordenar los puestos en la Asociación.

Sabe ocultar la filo en la sonrisa y, entre un montón de palabras amables, distinguir cuál es el golpe mortal.